El post de hoy nace como una reflexión personal después de analizar varias situaciones en mi círculo más cercano y en mí mismo. Hoy me gustaría hablaros de un problema grave que nos encontramos en cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje y que normalmente no se tiene en cuenta: el miedo a la hora de aprender.

Esta problemática es independiente de cualquier estrategia pedagógica que se siga o soporte que se utilice y nos afecta a todos, muchas veces sin ser conscientes, limitándonos en nuestro desarrollo personal y profesional.

Os confieso que el detonante de este articulo es una experiencia propia de ayer mismo. He empezado a ir al gimnasio a mis 31 años, un mundo extraño y desconocido para éste que escribe. Mi entrenador, en mi primera clase dirigida, me puso a hacer ejercicios con una persona experimentada y viví en primera persona este sentimiento de intimidación o miedo del que vengo a hablar y con el que seguro, te has identificado alguna vez.

Miedo a aprender. Yo, que soy pedagogo y puedo analizar la sensatez de la decisión, la primera réplica que lanzo cuando al acabar el monitor me pregunta qué tal la sesión es: “estás loco, cómo me pones con alguien que ya lleva tiempo”. La primera en la frente, como se suele decir.

Recuerdo que mi profesor de gestión cultural en una ocasión nos habló sobre un estudio que analizaba el motivo por el cual, gente que nunca había ido al teatro o a la ópera, no lo había hecho. ¿Y sabes uno de los motivos principales que se extrajo en las conclusiones? Que estas personas se sentían cohibidas por el miedo a hacer el ridículo en un entorno que les resulta desconocido. El miedo a no conocer los códigos de conducta, procedimientos y otra serie de “reglas” no escritas que otras personas tienen interiorizadas.

Así que lo que está limitando a muchas personas no son factores económicos, de tiempo o de gusto, sino algo mucho más profundo como es el miedo al ridículo. Interesante, ¿no?

Piensa ahora cómo esa persona puede sortear ese obstáculo. Preguntando a alguien que sea asiduo a la ópera o al teatro parece una idea de lo más sensata. Pero volvemos al mismo problema ¿cómo voy a preguntar algo que parece tan básico?

Afortunadamente, internet nos ha resuelto muchos de esos factores limitantes. La tranquilidad de poder acceder a información de cualquier tema nos proporciona una red de seguridad enorme. Y es que no hay nada más cierto que eso de “lo que tú te estás preguntando, ya se lo ha preguntado alguien antes”. Además, siempre tenemos la opción de preguntar en redes, foros… sin tener que afrontar el cara a cara.

He hablado de mi experiencia en el gimnasio y de un estudio de consumo cultural, pero estas situaciones se dan constantemente y no siempre se resuelven con una búsqueda en Google; alumnado que se queda con una duda porque piensa que su pregunta puede ser percibida como muy elemental, la persona que no se atreve a experimentar con la tecnología porque piensa que puede romper algo, quien no practica deporte porque piensa que ya es muy mayor, quien no se lanza a aprender un nuevo idioma porque no sabe pronunciarlo correctamente y un interminable etcétera.

Otro ejemplo claro es el de una amiga que justo está empezando las clases de conducir:

  • No sabes cómo me pitan.
  • Es que no consigo coordinar los pedales.
  • Es que no veo nada, son muchas cosas a la vez.

Si te has sacado el carné de conducir, sabes de qué hablo, porque TODOS hemos pasado por lo mismo. Sin embargo, seguimos pasando por ese estrés que nos limita y nos bloquea cada vez que afrontamos algún aprendizaje en un contexto desconocido para nosotros. ¿No es contradictorio? No conseguimos aprender porque nos afecta no saber hacer algo que estamos aprendiendo a hacer. ¡BOOOM!

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Siento anunciar que no tengo la solución a este problema, pero me gustaría dejarte una serie de reflexiones que creo que todos deberíamos recordar en esos momentos de frustración:

Abraza el proceso de aprendizaje

Aprender algo nuevo es una de las sensaciones más increíbles que experimentamos los humanos. Aprender a caminar, aprender a leer, aprender a ir en bici… Todos fueron procesos dificultosos pero que nos elevaron a una nueva dimensión. Aprender es una gran oportunidad que nos abre nuevas posibilidades y así debemos verlo. Aprender sufriendo es muy complicado…

Siéntete orgulloso de tu progreso

Céntrate en todo lo que has mejorado, en todo lo que has aprendido y que hace nada no sabías. Seguro que hay mucho por mejorar y por aprender. Pero hoy eres mejor que ayer y eso, tiene que ser un motivo de orgullo y tu combustible para seguir aprendiendo.

Acepta el fallo

Fallar forma parte del proceso de aprendizaje. Ensayo-error, así se han logrado los mayores descubrimientos de la humanidad. Vas a fallar. Muchas veces. Analiza los motivos de tu error y cuando lo repitas unas cuantas veces (porque así funcionamos), habrás aprendido la lección.

Nadie nace sabiendo

Ni el más virtuoso. Hay gente con mayor facilidad para unas tareas que otras, pero NADIE nace sabiendo. Acéptalo y no te compares con la persona más experimentada.

Confía en tu profesor/monitor/maestro…

Aprende de las personas con más experiencia. Ellas son las que mejor te pueden orientar y asesorar.

Pregunta, investiga, busca información

Ya sea en internet, a un compañero, a un profesor… Si tienes una duda o una inquietud, no te quedes con ella y aprovéchala para aprender.

Acepta correcciones y críticas

Muy unido a los puntos anteriores. Seguramente las trabas que te encuentres en el camino ya se las han encontrado otros que te pueden ayudar a que no caigas en ellas.

Nunca te burles de nadie

No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Fácil, ¿no?

Ayuda a los demás

Cuando seas tú la persona con más experiencia, ofrécete a ayudar a los demás. Seguro que también puedes aprender mucho de sus dudas y de otros ámbitos que esa persona domina y tú no.

Con la vergüenza ni se come ni se almuerza

Seguro que tu madre o tu abuela te lo dijo en alguna ocasión. Quédate con eso.

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