Crear contenidos dirigidos a la enseñanza eLearning o microlearning no es un asunto trivial, sino que son muchos los factores a considerar cuando vamos a diseñar un curso o actividad formativa. Reiteramos la importancia de crear acciones formativas interesantes, motivadoras, relevantes, accesibles y, en definitiva, orientadas al alumno.

En este artículo queremos compartir contigo algunas estrategias para que puedas crear unos objetos de aprendizaje eficaces, directos, motivadores y que mantengan la atención del alumno.

¡Empecemos con las 5 primeras!

 

Aquí podrás encontrar las 5 siguientes Estrategias para crear microcontenidos relevantes y con gancho (II)

 

1. Piensa en el alumno, ponte en su piel

Como educadores, queremos estimular a nuestros alumnos, motivarlos para que aprendan, y para conseguirlo es primordial que les proporcionemos lo que necesitan.

Además de tener en cuenta su edad, conocimientos y experiencias previas, y puesto de trabajo, es conveniente que pienses en cuáles son sus deseos, aspiraciones y expectativas con respecto a su vida personal, profesional y el curso que les vas a ofrecer.

Considera cuál puede ser la actitud que presenten frente al curso, sus opiniones, qué quieren conseguir tras realizarlo, qué estrategias pueden ayudarles a conseguir sus objetivos, qué puede frustrarles o cuáles son los obstáculos que pueden encontrar… qué es lo más importante para ellos.

Tu objetivo debe ser que se enganchen desde el principio a la acción formativa, que presten atención y participen activamente durante todo el proceso, que encuentren una conexión emocional con el tema que les estás presentando. Y para ello son importantes el storytelling (transmitir un mensaje por medio de historias y experiencias), que la experiencia de aprendizaje sea agradable y divertida a la par que interactiva y que los elementos visuales les resulten atractivos.

 

2. Organiza tus ideas antes de escribir

Antes de ponerte manos a la obra y escribir tus contenidos, planifica.

Resulta fundamental pensar y meditar acerca de las necesidades de tu alumno y cómo satisfacerlas, y a partir de ahí, organiza el material con el que vas a trabajar, divídelo en módulos, define unos objetivos principales y secundarios, elige las técnicas que vas a utilizar para presentar estos contenidos y la secuencia didáctica más adecuada y natural.

 

3. Humaniza tus textos

Utiliza un «tú» personal para dirigirte a tu alumno, conecta con él. Dirígete a él como lo harías si estuvieras hablando con un amigo.

Si lo piensas bien, ¿qué te es más fácil recordar: las estadísticas que te han explicado en una conferencia o una conversación que has tenido con tu amigo en la terraza de un bar?

El arte de la simplificación puede ayudarte más de lo que crees, las personas somos más perceptivas ante actividades formativas que utilizan un lenguaje informal ya que sólo tienen que concentrarse en entender los conceptos y aprender, en lugar de tener que estar intentando encontrar un sentido a las palabras que tienen frente a ellos.

Por tanto:

  • Deja de escribir en términos abstractos.
  • Utiliza analogías para explicar conceptos técnicos.
  • Explica los acrónimos la primera vez que los presentes.
  • Borra todos esos adjetivos y adverbios que no sean esenciales.
  • Utiliza términos técnicos o de jerga de un campo sólo cuando sea estrictamente necesario.
  • Escribe oraciones cortas.

 

4. Escribe para los «ojeadores»

Piensa que tu alumno es una persona con una agenda apretada y dispone de poco tiempo libre. Piensa, además, que hoy día sufrimos de «infoxicación» y que tu alumno se sentirá más motivado a prestar atención a un texto de 140 caracteres que a un documento PDF de 2 páginas.

¿Qué haces tú cuando entras a la web del periódico? ¿Lo lees todo u ojeas la página leyendo las palabras principales, los títulos, las listas… hasta que encuentras lo que te resulta interesante de leer por completo?

No sobrecargues, ten en cuenta que es posible que el alumno únicamente eche un vistazo al contenido. Con esto, debería ser capaz de identificar las ideas principales de las que estás hablando.

Además, está demostrado que cuando leemos en la pantalla lo hacemos un 25% más lento que cuando leemos documentos escritos.

Así que:

  • Divide la información en pequeñas porciones (a modo de píldoras formativas).
  • Divide tu texto en párrafos cortos.
  • Escribe, también, oraciones cortas.
  • Estructura y prioriza. Escribe la información más importante justo al principio del texto (o al final).

A tu lector debería resultarle sencillo entender sobre qué está hablando el texto y detectar las ideas principales con sólo ojearlo.

 

5. Evita la verborrea

Existe una tendencia general a explicar algo más de lo necesario, hasta el punto en que aburrimos al alumno.

Si es necesario, reescribe un texto hasta que hayas llegado a su forma más sencilla. Si algo puede explicarse en 50 palabras en lugar de 100, hazlo. Economiza. A tu alumno le resultará más fácil y rápido entender el concepto.

  • Explica en pocas palabras, utiliza sólo las que sean estrictamente necesarias.
  • Utiliza términos simples y oraciones concisas, claras, coherentes, elocuentes y naturales.
  • No uses la pasiva si no es estrictamente necesario. Construir oraciones pasivas requiere construir estructuras más largas que las de una activa.
  • Organiza tu texto en párrafos cortos y organizados.
  • Ve directo al grano.

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